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¿Qué hace que una casa sea tan especial?

Vayetzei 5784 in Spanish

by Rabbi Dov Linzer (Posted on November 21, 2023)
Topics: Sefer Breishit, Spanish, Torah, Vayeitzei

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https://pixabay.com/photos/house-architecture-front-yard-1836070/

Traducido por Balbino Cotarelo Núñez

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Iaacov es la primera persona en la Toráh que articula la idea de una casa para Dios. “Este lugar no es sino,” dice al despertarse, “la casa de Dios y la puerta al Cielo” (Gén. 28: 17).

Los Rabinos señalan el poder del concepto de la casa de Dios y su asociación con Iaacov. Citan el versículo que imagina un tiempo futuro en que las naciones dirán: “Venid, subamos… a la casa del Dios de Iaacov” (Isa. 2: 3). Cuando recibió su nombre, en su manera de encontrarse con Dios, Iaacov fue distinto de todos los que le precedieron. Mientras que Avraham vio a Dios en la montaña e Itzjak meditó acerca de Dios en el campo, Iaacov conectó con la presencia de Dios únicamente, en una casa.

¿Por qué una casa?

Una casa tiene paredes, límites y fronteras. La estructura de una casa presenta una paradoja. ¿Cómo puede Dios que es infinito y omnipresente confinarse en una casa? El rey Salomón declara este verdadero absurdo cuando dedica el Templo: “He aquí que los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener, cuánto menos esta casa que yo Te he construido.” (I Reyes 8: 27).

Aunque esto es lógicamente absurdo, una casa de Dios es también una profunda necesidad religiosa. Si Dios está igualmente en todas partes, en la cima de las montañas y en los campos, entonces Dios está igualmente en ninguna parte. ¿Dónde se puede encontrar a Dios así?

Una casa tiene límites; habita en un lugar específico y ocupa un espacio definido. Es esta finitud, esta concreción, la que crea un lugar en el que Dios pueda residir, dónde se puede encontrar a Dios.

Porque tiene límites y paredes tiene un interior y un exterior. El interior permite la cercanía y la intimidad.

Todos en una casa están juntos en una unidad, una familia. La casa los define a ellos y a sus experiencias compartidas como distintas del resto del mundo exterior. En tal espacio, una persona puede tener intimidad con Dios. Puede cultivar con Dios una relación personal, directa que transcurre en las experiencias que comparten juntos. Y aquellos que se reúnen en una casa así, como una comunidad, pueden tanto profundizar en su relación con los demás y también forjar un conexión colectiva con Dios.

Una casa provee refugio. Es un lugar de protección y cuidado. “Y será un refugio con sombra durante el día para el calor, y un lugar de amparo de la tormenta y de la lluvia” (Isa. 4: 5-6). Una casa de Dios es un lugar donde los afligidos encuentran el consuelo y los fatigados encuentran fuerzas.

Una casa debe ser además construida, hecha. Hay que invertir en ella pasión, tiempo y energía para crear algo que proveerá la protección, el calor y la intimidad que se desea. Nuestro duro trabajo para construir una casa y transformar la casa en un hogar permea sus paredes mismas y emana de ellas.

Así es también con nuestra relación con Dios y con nuestra relación con otras personas.  Estas relaciones no suceden por sí mismas. Existen y florecen por el trabajo que ponemos en ellas, la conexión y la intimidad, y el apoyo y el confort que damos, y que recibimos.

Iaacov, que escapaba de un hogar lleno de conflicto y lucha, buscaba un nuevo hogar, una relación con Dios que pudiese darle el anclaje, la seguridad y la conexión que tan desesperadamente necesitaba.

Ahora mismo todos podemos identificarnos con Iaacov. En Israel, más de 200.000 israelíes han sido arrancados y desplazados de sus hogares y necesitan reconstruir sus casas, sus hogares, sus comunidades. Y cada israelí ha sentido que sus paredes protectoras han sido sacudidas o incluso hechas pedazos y desesperadamente busca la forma de restaurar el sentido de seguridad y protección que merece tener en su, en nuestra, tierra patria. Y debido a esto es que Israel ha tenido que luchar en una guerra para alcanzar su objetivo, una guerra que hace que más de un millón de palestinos hayan sido sacados de sus hogares en Gaza también. Tantísimas personas que necesitan el confort, la seguridad y la protección de un hogar.

Aquí en los Estados Unidos (y en otras partes del mundo) estamos experimentando una judeofobia sin precedentes en la calle, en particular, en los campus de las universidades. En algunos lugares, hay judíos que tienen miedo a mantener sus mezuzót en sus puertas, por el miedo a que sus hogares sean atacados por judeófobos. Y los estudiantes judíos que sufren la judeofobia en las universidades se sienten alienados y totalmente extraños en donde antes sentían pertenencia.

Con esto en mente, y en el espíritu del Día de Acción de Gracias, necesitamos agradecer a nuestros rabinos de Hilel y a los empleados de Hilel en los campus universitarios por su capcidad de crear verdaderos hogares, con calidez y apoyo, un sentido de pertenencia y de familia, para nuestros estudiantes judíos en estos tiempos difíciles. Y también agradecer a nuestros jaialím y jaialót y su auténtico mesirát néfesh, y a nuestros rabinos y líderes comunitarios, en Estados Unidos, el resto del mundo e Israel, que trabajan incansablemente para reconstruir y restaurar el hogar y la seguridad que todos merecemos.

¡Feliz día de acción de gracias y Shabat Shalom!