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Levantando nuestros monumentos

Vayishlach 5764 in Spanish

by Rabbi Michael Gordan (Posted on November 30, 2023)
Topics: Sefer Breishit, Spanish, Torah, Vayishlach

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https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Rock_Cairn.jpg

Traducido por Balbino Cotarelo Núñez

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El dilema de Jacob se puede resumir en el final de la perashá de la semana pasada, cuando finalmente se separó de Labán. La Torá nos dice después ״וישב לבן למקמו״ – “Labán volvió a su lugar,” mientras que Jacob solo ״הלך לדרכו״ – “siguió su camino.” Labán tenía su “lugar” propio, mientras que Jacob en este momento tiene solo un viaje por delante que continuar. Del mismo modo, al comienzo de la perashá de la próxima semana Jacob “se asienta” en Canaán, pero sabemos que su asentamiento no tendrá más permanencia que otros de su vida, y eventualmente viajará a Egipto. Y es en medio de esos dos episodios que nuestra perashá, Vaishlaj, transcurre llena de confrontaciones y crisis casi sin respiro. La inestabilidad, que es el tema principal de la vida de Jacob, tiene una expresión concreta cuando es herido durante su combate con el ángel que le hará cojear para siempre.

Es tentador hacer de psicólogo amater y ver la incertidumbre de Jacob sobre su lugar en el mundo como la fuente de su creciente manía. El hombre que no tiene un hogar permanente intenta controlar su mundo a través de construir. Hay dos estructuras principales que Jacob construye: la מצבה – matzevá, un monumento o un pilar, que viene de la raíz hebrea י-צ-ב, que significa estabilidad, y, el מזבח – mizbéaj, el altar. Jacob empieza su carrera como constructor cuando deja Israel por su miedo a la furia de Esaú y coloca un pilar en el lugar donde acontece su famoso sueño (no es coincidencia, que su sueño sea acerca de una escalera מוצב ארצה, firmemente fijada en la tierra).

Los altares que Jacob construyó siguen un patrón claro. En el mundo antiguo, el altar era conocido como un lugar de sacrificio, independiente de que el dios al que era dedicado pudiese variar. Un altar era un símbolo conocido de la religión y de los rituales religiosos. A diferencia de lo anterior el propósito de una matzevá es mucho más ambiguo. Consideremos unos pocos ejemplos de las matzevót que construyó Jacob: el monumento de Bet El, que marca un lugar sagrado que Jacob no había reconocido y la promesa de Dios; el monumento de Gal-Ed, cuando se separa de Labán, que parece marcar el tratado y el punto de separación entre Jacob y su suegro; y el monumento de la tumba de Raquel que marca la tragedia y la primera señal de una tumba mencionada en la Biblia.

De todos estos usos se hace claro que la matzevá es una forma inherentemente ambigua, ya que es capaz de tener una variedad de significados diferentes. Esos significados son dependientes de las personas implicadas directamente para poder entenderlos. Si un viajero, siguiese la ruta de Jacob y fuese a Bet El y al monumento que Jacob construyó allí, luego a Gal-Ed y su monumento, y, finalmente al monumento al lado del camino que marca la tumba de Raquel, no tendría forma de discernir el propósito de cada una de estas estructuras. Si la necesidad de estabilidad dirigía a Jacob, ¿por qué se apoyó en matzevót, cuyo significado puede perderse tan fácilmente o malinterpretarse?

Yo creo que las matzevót – únicas de Jacob entre todos los patriarcas – contienen un mensaje importante para nuestras vidas religiosas. Ambos Abraham e Isaac excavaron pozos que simbolizan tanto la necesidad humana universal de una vida espiritual, como el esfuerzo para saciar esa sed. El control de estos pozos fue una fuente de conflicto entre ellos y sus vecinos. Todos los patriarcas construyeron altares que como ya mencionamos son marcadores de rituales religiosos. Los monumentos de Jacob, como contraste, representan eventos únicos en la vida de Jacob. No son un reflejo de la experiencia humana universal sino que en su lugar permiten a Jacob dar memoria a eventos significativos de su vida.

Los pozos y los altares de los patriarcas representan la religión formal. Pero los monumentos, las matzevót construidas por Jacob, son más personales. Representan los triunfos y las pérdidas que, como humanos que somos, inevitablemente encaramos en nuestro viaje religioso. Jacob no se avergonzó de la naturaleza personal de estos monumentos y no vió la necesidad, ni de darles explicación, ni de defender su creación. Una vida judía auténtica admite el compromiso con el ritual y la religión, pero deja espacio, como hizo Jacob, para los momentos personales que definen cada experiencia humana. Puede que no sean accesibles universalmente, pero su importancia para cada uno de nosotros es decisiva. El viaje de Jacob nos debería llevar a respetar nuestra propia necesidad y la necesidad de los que nos rodean, por un acercamiento a la religión, que no solo dé expresión a las necesidades comunitarias, sino también a expresar nuestra individualidad y nuestro propio viaje sin inseguridades.