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Traducido por Balbino Cotarelo Núñez
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No te lo vas a creer, ¡pero he sido una estrella mediática! Hace dos años tenía un canal en TikTok (@haggairesnikoff) dedicado a publicar mensajes con contenido de Toráh al estilo de YCT de un minuto. En un vídeo defendí la oposición judía a la doctrina cristiana de que Dios se hizo carne. Seguidores cristianos de todo el país respondieron: ¿No estás limitando la omnipotencia de Dios si dices que Dios no puede adoptar una forma humana? Mi respuesta fue: no es que Dios no pueda tomar una forma humana, es que creemos que Dios no lo haría. Esto, sin embargo, reclama la siguiente pregunta: ¿Cuál es el problema de creer en un Dios corpóreo?
Puede que haya respuestas técnicas a esta pregunta. Decir que Dios tiene un cuerpo implica que Dios no es eterno. Decir que Dios toma una forma humana implica que tiene apetitos y debilidades humanas. Mi tendencia es hacia una razón más pragmática por la que Dios nunca tendrá un cuerpo humano. Creer que Dios puede parecer humano crea una confusión entre Dios y la humanidad que puede llevar al abuso.
Rabí Meir ben Shimon de Narbona, el Meilí, (principios del s. XIII, Provenza) trata esta materia en el Séfer Miljémet Mitzvá, donde escribe (edición de Moshe Yehudah HaKohen Blau, parte 2, págs. 319- 320):
כי אלו שהזכרנו היו משכילים ומצליחים בעצתם ודעתם יותר מכל חכמי דורם. ולכן היו אומרים כי אין [נפש] המשכלת בהם כשאר נפשות ב”א בלבד, רק כי האלהות קיבל בשר בהם…ומתירים לעצמם בזה כל רשע וחמס וניאוף וגזל ורציחה וכל דבר רע…
Estas personas que hemos mencionado fueron más iluminadas y exitosas en su conocimiento e inteligencia que todos los sabios de su generación. Y por lo tanto, manifestaron que el espíritu iluminado en su interior no era como un alma humana normal solamente, sino que lo Divino se hizo carne en ellos… Y se permitieron todas las maldades y la violencia y el adulterio y el robo y el asesinato y todo tipo de maldades…
La afirmación de que un hombre es Divino crea una puerta abierta para el abuso. El Meilí utiliza un argumento filosófico (aludido más arriba) para explicar el porqué. Yo sugiero una conexión más directa. Las personas que cité antes genuinamente creen que Dios se hizo carne. Como tales son los árbitros de lo correcto y lo incorrecto. Sin embargo, todavía están sometidos a los apetitos y debilidades de los seres humanos. Esta combinación crea la oportunidad de justificar cualquier satisfacción de sus apetitos como si fuese la voluntad de Dios. Esto es aún más cierto aplicado a una persona que reclama que es Dios solo para explotar a otros.
Hemos comprendido por qué Dios nunca tendría un cuerpo humano. ¿Qué pasaría si tuviese un cuerpo no humano? El Rashbam (Shemuel ben Meir, c.1085 – c.1158, Francia) en su comentario sobre el becerro de oro revela una verdad clave para entender la idolatría. Escribió:
כל עובדי ע”ז יודעים שא-להינו שבשמים ברא את העולם, אך בזה היו טועים. שהתרפים יש בהם רוח טומאה כמו הנביאים שיש בהם רוח הקדש
Todos los idólatras saben que nuestro Dios en el Cielo creó el mundo. Sin embargo, se equivocan en lo siguiente, porque los ídolos tienen un espíritu de impureza así como los profetas tienen un espíritu de Dios.
El Rashbam dice que la esencia de la idolatría es tal que un objeto está imbuido con un espíritu impuro (es decir, un dios pagano). ¿Qué hay de malo en eso? ¿No decimos que los profetas llevan, o comunican, de alguna manera el espíritu de Dios?
La respuesta es que la noción de que Dios pueda habitar incluso en un cuerpo no humano, todavía crea oportunidades para la explotación y el abuso. La palabra de Dios, como es comunicada por un profeta todavía está intermediada de alguna forma a través de la mente humana. Es todavía una especie de interpretación. Si Dios habita en un cuerpo, sin embargo, incluso aunque sea en un cuerpo no humano, existe la ilusión de una conexión directa. Cualquier mensaje puede ser reclamado como una comunicación directa. En otras palabras, el acceso a un ídolo implica el acceso a la verdad absoluta. Si alguien dice que conoce la voluntad absoluta de Dios tendrá la oportunidad de justificar cualquier comportamiento diciendo que está mandado por Dios. Creer en un Dios corpóreo no es inevitablemente abusivo, pero el peligro de serlo es muy grande.
El regalo de la Toráh es que no es posible una comunicación más cercana con Dios. La verdad absoluta sigue fuera de nuestro alcance, no hay posibilidad de que una persona pueda justificar los abusos y la explotación intentado reclamar que tiene acceso a ella. Cada interpretación está abierta al desacuerdo y la reinterpretación. Creer en un Dios corporal, sin embargo, aunque sea temporalmente, implica la posibilidad de una conexión directa, y, de una comunicación directa. Refutar esta comunicación se hace mucho más difícil y las posibilidades de explotación y abuso se multiplican.





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