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¿Cuál es el interés de un préstamo?

by Rabbi Jacob Siegel (Posted on February 7, 2024)
Topics: Mishpatim, Sefer Shemot, Spanish, Torah

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Traducido por Balbino Cotarelo Núñez

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Poco después de salir de la esclavitud de Egipto, los Bené Israel se juntan a los pies del monte Sinaí para recibir la Torá. Son instruidos con una serie de preceptos éticos sociales. Siguiendo a una exhortación para cuidar de los miembros más necesitados de la sociedad, las viudas y los huérfanos, la Torá en la perashá de esta semana dice: “si das dinero en préstamos para Mi pueblo, a los pobres entre tu pueblo, no actúes como un acreedor; no aceptes interés de ellos”.

La Torá no parece ver el interés como inherentemente inmoral; es simplemente inapropiado para dos miembros de “vuestro pueblo”. ¿Por qué? Por un lado, ¿qué es tan malo acerca de cobrar intereses? Y por otro lado, si es problemático, ¿por qué no prohibir el interés para todos?

Hay dos formas principales de entender esta prohibición: espiritual y práctica.

Espiritualmente, cobrar interés a los miembros de mi propia comunidad me separa de lo Divino. Nuestras posesiones no son realmente nuestras; pertenecen a Dios. Será raro que olvide la fuente Divina de mis posesiones mientras que cuide un árbol que depende de la lluvia del cielo y que tiene su propio proceso milagroso para crecer y florecer. El momento en el que me olvide de los orígenes Divinos de mis posesiones, será el momento en el que mi propio dinero parezca generar más dinero para mí mismo sin intervención Divina.

El Ture Zahav, escribió en el s. XVII que si alguien elige prestar con interés, a pesar de la prohibición de hacerlo, está demostrando que él piensa que sabe más que Dios. Esta persona argumenta que “si sólo Dios hubiese sabido cuántos beneficios podría amasar…” Puede que incluso se vean a sí mismos como justos: “si solamente Dios hubiese sabido hasta qué punto este préstamo con interés puede ayudar a esta persona pobre…” Estas equivocadas justificaciones destruyen los fundamentos de la fe que apuntalan la visión de la justicia económica del judaísmo.

Desde este ángulo, la prohibición del interés es un test espiritual. De hecho, los códigos legales judíos ponen en la misma categoría, el cobrar intereses, con transgresiones como negar los principios fundamentales de fe, negar la liberación de los hijos de Israel de Egipto e incluso negar la divinidad de Dios. En el Shulján Arúj, las leyes concernientes a la usura no están en el volumen dedicado a asuntos económicos (Joshén Mishpát) sino en el volumen dedicado a los asuntos espirituales (Ioréh Deáh), junto a preceptos como guardar la cashrut y evitar la idolatría. Esta es la razón por la que el judaísmo no hace distinción entre diferentes tasas de interés. Un préstamo con un 2 % de interés está tan prohibido como un préstamo con un 50 % de interés.

Por otro lado, podemos entender la prohibición de intereses como una norma comunitaria práctica, como una forma de sostener la sociedad. Una vez que consideramos ayudar a una persona necesitada con un préstamo, debemos evitar cobrar intereses, porque el interés socava el propósito de la asistencia social. Esto puede ser el porqué de que la prohibicion se aplique a los miembros de la comunidad con los que tenemos un contrato social común, pero no para los extraños (no judíos) en lo que es seguramente una transaccion aislada.

El interés tiene la particular calidad de ser compuesto, de empezar tan pequeño que casi no se puede sentir, pero luego puede crecer tan rápido que puede abrumar las relaciones humanas. El Séfer HaJinúj dice que Dios desea una sociedad que crezca y funcional, y así “mandó quitar los obstáculos de su camino, que uno no se trague el patrimonio de su amigo sin ni siquiera sentirlo, hasta que encuentre su casa vacía de toda propiedad. Como es el camino de los intereses, y este asunto es bien conocido.”

En otras palabras, el interés no es malo, y es de hecho legítimo el cobrar interés a extraños. Pero una comunidad no puede apoyar a sus necesitados con créditos, no puede asegurar una relaciones humanas generosas, ni puede ser sostenible con el planeta, con una norma de interés.

Más ampliamente, desde una perspectiva judía, la justicia económica requiere que el prestador, que tiene más poder, evite abusar de ese poder. Si se desea invertir en un aventura de negocios, hay que compartir de manera justa los riesgos que esto conlleva. Como dice mi maestro el Rabino Yitz Greenberg, “por un lado, el Talmud, la tradición, la halajá, acepta la idea de la “generalidad de la práctica de los negocios”. Y de hecho, como hemos oído de diferentes maneras, la motivación a la ganancia es legítima; el interés propio es legítimo”. Por otro lado, “el deseo del beneficio no debe ser absoluto.” Sería demasiado fácil para un prestador poderoso exigir unos términos de explotación financiera a la vez que forzar al prestatario a asumir todo el riesgo de pérdidas.”

Ojalá todos tengamos la inspiración en este Shabát para trabajar por un mundo de equidad y justicia económica, donde nadie abuse de su poder financiero para explotar a otros.