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La conciencia para construir un espacio sagrado

by Rabbanit Yaffah Aronoff (Posted on March 14, 2024)
Topics: Pekudei, Sefer Shemot, Spanish, Torah

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Traducido por Balbino Cotarelo Núñez

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El final del libro del Éxodo es asombroso. “La nube cubrió la Tienda de Reunión, y la gloria de Dios llenó el Mishkán (Tabernáculo). Moshé no podía entrar en la Tienda de Reunión porque la nube descansaba sobre ella y la gloria de Dios llenaba el Tabernáculo” (Éx. 40: 34- 35).

Algo que los bené Israel han construido juntos se ha convertido en un espacio digno de la Presencia Divina. ¿Qué le sucedió a los bené Israel en ese momento de la historia que les hizo alcanzar tan incalculable regalo?

Un midrásh para la perashá de esta semana nos ofrece una pista. En el versículo: “ellos le llevaron el Mishkán a Moshé…” (39: 33) Shemót Rabá comenta:

Ellos tenían tantas personas sabias y aún así tuvieron que ir hasta Moshé, ya que no eran capaces de montarlo por si solos… ¿Qué hicieron entonces? Todos le llevaron a Moshé su trabajo y le dijeron: “Aquí están las vigas y aquí están los pernos.”  Cuándo Moshé los vió, el espíritu santo inmediatamente entró en él y montó el Mishkán. Pero no digas que Moshé encajó todo solo. Sino que hubo milagros y el Mishkán se armó sólo como está escrito (Éx. 40: 17): “El Mishkán fue levantado.” (Shemót Rabá 52: 4)

El midrásh comienza con este incidente con el que cualquiera que se haya peleado con muebles de IKEA puede entender. Aquí hay un grupo de artesanos inteligentes que han creado las distintas partes del Mishkán, esperando que el paso final de conectar las piezas sea la parte más fácil. Aún así, el caso es el opuesto. Por más que lo intentan, nada parece funcionar.

¿Cómo reaccionan a esta imprevista dificultad? Traen las piezas que han fabricado ellos mismos a Moshé y según el midrásh, usan palabras simples para aludir al problema: “Aquí están las vigas, aquí están los pernos”. Después de tanta entrega para este proyecto e intentar inútilmente terminar ellos mismos, estos artesanos son capaces de hablar con Moshé desde una sentida humildad. Las vigas no son sus vigas, ni son los pernos sus pernos. Son simplemente las vigas y los pernos.

Hace años, un carpintero con un don, llamado Shemuel, construyó unas estanterías para libros para nuestro salón. Cuando terminó su trabajo nos dijo con una sonrisa que las estanterías eran en realidad suyas y que nosotros solo las estábamos usando y que si teníamos algún problema con ellas sólo teníamos que llamarlo. Saber que Shemuel estaba tan orgulloso de su trabajo me transmitió un sentimiento de seguridad y también que no veía sus creaciones simplemente como otro trabajo más.

La forma de entender su trabajo de Shemuel es obviamente ideal para el día a día. Pero, Dios pide algo más cuando se trata de crear un espacio sagrado. En semejante empeño, no hay lugar para el ego. En su lugar se nos pide una entrega sin pensar en nosotros mismos, para contribuir a un proyecto nacional sagrado libre, no hay expectativas de un reconocimiento personal o engrandecimiento. Lo que les dió la competencia a los artesanos del Mishkán para hacer su trabajo, no fueron sus habilidades manuales, sino, aún más importante, su conciencia de estos valores necesarios.

Quizás como asentimiento a la intensa humildad de los artesanos, la Toráh aparentemente describe prematuramente las distintas partes del Mishkán traídas a Moshé como si ya fuesen el Mishkán mismo:

Llevaron el Mishkán a Moshé, el tabernáculo y todo su mobiliario, sus broches, sus vigas, sus pernos, sus pilares y sus basas. (Éx. 39: 33)

Los artesanos no trajeron el Mishkán a Moshé. Sino que le llevaron las partes y las piezas que esperaban que formasen el Mishkán. Me gustaría resaltar que en este versículo, Dios garantiza a cada viga, perno, etc… el estatus de Mishkán debido al altruismo y el sentido de propósito superior con el que los artesanos los presentaron a Moshé. Los artesanos no trajeron el Mishkán a Moshé. Sino que le trajeron todos los componentes y partes que esperaban que llegasen a formar el Mishkán. Me gustaría comentar que en este versículo, Dios garantiza que cada viga, perno, etc… tenga el estatus de Mishkán debido al altruismo y el sentido de misión con el que los artesanos los presentaron a Moshé.

Moshé, con su sobresaliente humildad, inmediatamente entendió la magnitud del acto de modestia de los artesanos. Y en ese momento, se le dió la gracia del espíritu santo y fue capaz de ensamblar el Mishkán.

Según la conclusión del midrásh, Moshé sólo levantó el Mishkán aparentemente. Pero, de hecho, se levantó por sí solo. Y eso es lo apropiado. No hay persona que pueda construir lo que tiene que convertirse en el punto de convergencia espiritual de la nación.

En estos tiempos difíciles de guerra hemos tenido el privilegio de ser testigos de tanto actos de altruismo y solidaridad, que semejante éxito, solo puede venir de un sentido profundo de misión superior que nos une a todos. Ojalá, como los bené Israel, seamos dignos de vivir viendo la gloria de Dios en medio de todos nosotros.