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Mandando a los enfermos fuera del campamento

by Rabbi Dov Linzer (Posted on April 11, 2024)
Topics: Sefer Vayikra, Spanish, Tazria, Torah

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Traducido por Balbino Cotarelo Núñez

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¿Quienes son nuestros metzoraím contemporáneos, la gente que es empujada fuera de la sociedad normal y que son mantenidos en la distancia y escondidos del resto?

Un metzorá no es un leproso, pero es muy parecido. Tiene una enfermedad seria en su piel y es enviado fuera del campamento israelita, a una zona que sería equivalente a extramuros en la Tierra de Israel. Se nos dice que él mismo debe anunciar su estatus impuro, diciendo: “¡Impuro, impuro! deberá decir”. Debe avisar a todo el mundo y mantener la distancia, y luego, es enviado fuera del campamento – “בָּדָ֣ד יֵשֵׁ֔ב – Vivirá solo. Fuera del campamento en su propio lugar habitará” (Levítico 13: 46).

El caso del metzorá nos desafía a considerar, ¿a quién tenemos que echar fuera, con quién mejor, no nos relacionamos o incluso no queremos verlos, porque nos hacen sentir incómodos, porque nos da miedo contagiarnos de lo que tienen?

Inicialmente, veía este caso como una metáfora sobre aquellos con minusvalías, un tema muy cercano a mi corazón. Como padre de dos hijos con autismo, he visto más de una vez el áspero aguijón del “impuro”, las formas activas y pasivas en que mis hijos fueron excluidos de la comunidad, amigos e instituciones judías. E históricamente, aquellos con minusvalías, particularmente aquellos con problemas de desarrollo o minusvalías socio-psicológicas, fueron recluidos en manicomios y otras instituciones, fuera de la vista y la conciencia de la sociedad “civilizada”. Si no son visibles, podemos pretender que no existen.

Esta realidad es verdadera, como lo es su paralelismo con el metzorá. Y aún así con la perspectiva de la Toráh, las personas con minusvalías, al menos las minusvalías físicas, son reconocibles entre nosotros. No solo debemos verlos como miembros iguales de nuestra sociedad, sino que además se nos han dado mitzvót explícitas para evitar la tendencia que algunos pueden tener de maltratar o burlarse de ellos. “No maldecir al sordo” y “no pondrás un obstáculo delante del ciego” son mitzvót centrales en la Toráh. Tenemos mucho trabajo por hacer, tanto a nivel individual como social, para alcanzar el cumplimiento de estas mitzvót, para crear una sociedad libre de prejuicios, barreras y exclusión. Precisamente por estas mitzvót, no tendría sentido colocar el metzorá entre estos casos. Entonces, ¿quién es el metzorá?

Como lo veo yo, el metzorá sirve como una metáfora para el enfermo, el débil y el anciano. Los hospitales y las residencias de ancianos son instituciones esenciales de nuestra sociedad y dan a los ancianos y enfermos cuidados que salvan sus vidas.

Y aún así, como instituciones, también confinan a los enfermos y ancianos fuera de la sociedad, fuera de nuestros hogares y de nuestros parques, nuestras sinagogas y centros comerciales. Muchas personas prefieren esto. Estar rodeados de enfermos o ancianos les hace sentir incomodidad. Es mucho más fácil recluirlos donde no hay necesidad de verlos. ¡No es increíble que prácticamente no haya nadie débil o enfermo en nuestros hogares y en nuestras calles!

No podemos dejarnos llevar por esa actitud de desterrar al enfermo. Alguien tiene que dar el paso y crear una realidad diferente.

¿Quién cuida del metzorá? Es el cohén. Aparece prominentemente en nuestra perashá. La palabra “הַכֹּהֵ֖ן – el cohén” aparece más de 80 veces. Es el cohén el que constantemente se encarga del metzorá: examinándolo durante los varios estadios del desarrollo de su tzaráat, y siendo el que sale hacia él cuando es curado para purificarlo y traerlo de vuelta al campamento..

¿Quién sirve como nuestro cohén? La respuesta es obvia: es el rabino. Los rabinos son los que se encargan del cuidado pastoral, los que hacen las llamadas de bikúr jolím. Son los que están presentes para el enfermo, y los que visitan regularmente los hospitales y las residencias de ancianos. Nos representan cuando no nos tomamos la molestia de hacerlo nosotros mismos. Pero debemos tomarnos la molestia.

Hemos descargado en el rabino la responsabilidad que nos pertenece a todos por igual. Hay comunidades que son capaces de reconocer esto, particularmente con la creación de grupos de bikúr jolím. Y aún así, incluso en esas comunidades, estamos hablando de un número muy reducido de individuos. Para todos los demás se convierte en otra forma de cumplimiento vicario.

La persona que tiene que dar ese paso es cada uno de nosotros. Mientras que la Toráh habla del cohén en el caso de la metzorá, Jazal nos enseñan, una y otra vez, la mitzváh central de bikkur cholim. Esta mitzváh tiene sus raíces en “amarás a tu prójimo como a tí mismo,” una mitzváh que nos dice que debemos actuar de la misma manera en que nos gustaría ser tratados. Más allá de eso, es una mitzváh arraigada en el principio fundamental de que todos – enfermos, débiles o ancianos – son nuestro prójimo. Cada individuo está en sociedad entre todos nosotros.

Desde el coronavirus, esta mitzváh se ha hecho más fácil. Usamos Zoom, ya no debemos viajar, no tenemos que tener un encuentro en persona directamente, no tenemos que extendernos demasiado. Esto ha permitido que muchos visiten así a los enfermos, sin duda. Pero las visitas con Zoom, por importantes que sean, son solo una pequeña parte de lo que bikúr jolím es. Estar físicamente presente requiere más de nosotros, pero ayuda mucho más. Jazal nos enseñan que cuando uno visita a un enfermo le quita 1/60 de su enfermedad. Esto es verdad de una forma muy práctica. Cuando uno está delante del enfermo, levanta su espíritu. La visita puede abogar por el paciente y esto marca la diferencia. Los médicos y las enfermeras prestan más atención a aquellos que tienen visitas, a aquellos que tienen quien los cuide. Quizás lo más importante, nuestra presencia física ayuda a conectar a la persona que estamos visitando con la realidad humana más amplia y la vida que existe fuera del hospital. Hacemos que sean parte de nuestra sociedad.

Es nuestra responsabilidad cumplir con esta mitzváh, no dejar que solo el rabino sea el cohén. Como el cohén, debemos visitar y comprometernos con el enfermo, durante su enfermedad, y, cuando sea el momento de que retorne a la sociedad. Debemos, de hecho, asegurarnos de que nunca abandonen nuestra sociedad.