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Traducido por Balbino Cotarelo Núñez
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¿Podrán los judíos alcanzar la unidad? Esta es una seria pregunta. ¿Hay algo que pueda unificar a toda la comunidad judía? No estamos de acuerdo en nuestra práctica religiosa, en ideales políticos, en teología. No estamos de acuerdo en lo macro ni en lo micro. ¿Qué idea o sentimiento puede unificarnos? Sería un milagro.
Ese milagro, argumenta Rav Shmuel Bornsztain (1855-1926, Polonia), en su libro Shem MiShemuél (Ajaré Mot, 1915), está integrado dentro de la nación judía.
Esta sobresaliente declaración tiene una fuente inocua. La Torá, esta semana, yuxtapone dos temas sorprendentes. Perashát Ajaré Mot empieza con una descripción del dramático ritual del Templo en Iom Kipur. Inmediatamente después sigue una ordinaria prohibición de hacer sacrificios fuera del Templo o del Mishkán. ¿Cómo, pregunta Shem MiShmuél, están conectados?
En su explicación, cita una idea del Maguíd de Mezeritch (Rabino Dov Ber de Mezeritch, Ucrania s. XVIII). Algunas cosas en este mundo, enseña el Maguíd, son ambas naturales y milagrosas simultáneamente. El Templo es como esto. La Mishnáh (Avót 5: 5) nos enseña que los asistentes llenaban el patio del Templo (natural) pero, de alguna manera, tenían espacio de sobra para postrarse en el suelo (milagro). Iom Kipúr es como esto también. Depende del בית דין, el tribunal judío, con respecto al calendario (natural). Aún así se le llama Shabát, un día por encima de la naturaleza, es decir, milagroso.
Esta fusión de lo natural y de lo milagroso, es verdad sobre la nación de Israel también, argumenta el Shem MiShemuél. Él escribe:
בא הענין בישראל נמי שיהיו שני הפכים בנושא אחד. היינו שאף היותם בגופים מחולקין כל אחד בפני עצמו, מ”מ הם כולם כאיש אחד ממש אף בגופין, וע”כ בשביל היותם נמי גוף אחד ממש נאסרו הבמות שהם ענין שכל אחד הוא בפ”ע…
Este asunto aparece en Israel también, que ellos representan la fusión de dos opuestos. Esto es, que a pesar de que tienen cuerpos separados, cuerpos individuales, son una sola persona, incluso en sus cuerpos. Por lo tanto, ya que son un cuerpo único colectivo, tienen prohibido usar altares individuales, lo que podría indicar que todos ellos son individuales…
En otras palabras, los judíos son todos un cuerpo, en la forma más física posible. Por eso no se pueden ofrecer sacrificios cuando (donde) ellos quieran, ¡tiene que ser en un sólo lugar!
Esta afirmación de tal radical y física unidad es tan extrema que es difícil de entender qué es lo que Shem MiShemuél quiere decir exactamente. Pero está claro que él cree que la comunidad de la nación judía existe naturalmente en cuerpos separados y simultáneamente, milagrosamente, un solo cuerpo colectivo.
Saber que el Shem MiShemuél cree que la unidad es un aspecto físico de nuestro pueblo, me inspira a pensar de nuevo acerca de las cosas que pueden realmente unificarnos.
Consideremos el séder de Pésaj. Según la estadística de Pew REsearch Center del año 2021[1], 6 de cada 10 judíos estadounidenses, asisten al séder de Pésaj. Quizás sean sabios, quizás sean malos, pero van a él. No es universal, pero el hecho es que, la mayoría de nosotros estamos unificados en esta observancia.
El séder de Pésaj es un hecho real. El paso siguiente de la unidad es aspiracional. Es una unidad en conexión con la Toráh. No es la observancia o ni siquiera un estudio frecuente, sino una conexión: el sentido de que la Toráh está en el corazón de nuestra herencia cultural. Todos los judíos deberían tener acceso a la Toráh, ciertamente a la Biblia, pero también a la Toráh Oral, incluso aunque solo sea para lidiar con las cosas en que no creen y rechazan. Los judíos tocan su inconsciente colectivo al ocuparse de la Toráh.
Finalmente, está la tierra de Israel. Para bien o para mal, el moderno Estado de Israel no nos unifica. Yo creo, sin embargo, que la conexión y el cuidado de la tierra de nuestro origen puede que sea algo que pueda unificarnos. Nuestra historia apunta a esta tierra. Independientemente de lo que pensemos de los políticos de Israel, todas nuestras historias empiezan allí.
Pésaj terminó esta semana y ahora tenemos que empezar a anticipar מתן תורה, la entrega de la Toráh. Mientras contamos las semanas hasta Shavuót, trabajemos para hacer realidad la milagrosa unidad del pueblo judío. Encontremos una forma de hacer la Toráh accesible a los judíos que se sienten alienados de ella. Trabajemos para estirar la unidad que disfrutamos en el séder de Pésaj para seguir desarrollando nuestra relaciones con judíos que son diferentes de nosotros. Si trabajamos con suficiente esfuerzo, quién sabe, quizás también podamos encontrar una forma de unirnos en torno a Israel. Llevemos la unidad de la dimensión de lo milagroso, hacia el mundo natural.
[1] https://www.pewresearch.org/religion/2021/05/11/jewish-practices-and-customs/





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