Today is July 19, 2024 / /

The Torah Learning Library of Yeshivat Chovevei Torah

La elevación de la santidad

by Jason Goldstein (Posted on June 13, 2024)
Topics: Naso, Sefer Bamidbar, Spanish, Torah

Print Friendly, PDF & Email

https://pixabay.com/photos/field-morning-sunrise-dawn-nature-6574455/

Traducido por Balbino Cotarelo Núñez

To read this post in English, click here

En la descripción de la Toráh del nazír hay una paradoja. Por una parte, el que hace el voto de la nazirút, y tiene por lo tanto prohibido beber vino, cortarse el pelo, o entrar en contacto con una persona fallecida, durante todo su periodo de separación (Bemidbár 6: 8) es “santo para Dios”. Por otro lado, al completar su servicio sagrado se le compele a ofrendar un korbán jatát, como si hubiese hecho algo malo. ¿Por qué el nazír tiene que hacer un sacrificio al retornar a su vida normal? Esta pregunta ha plagado nuestros comentaristas desde los tiempos del Talmud.

Muchos explican que mientras que la halajáh establece reglas discretas por las que vivir a través de restringir ciertas acciones, es pecaminoso añadir a estas restricciones. Se espera que seamos parte del mundo, no apartarnos de él. R. Eliezer HaKapar explica que el requerimiento de ofrendar un korbán jatát, por la ruptura de la nazirút, por entrar en contacto con un cadáver accidentalmente, en realidad, es para expiar la elección de convertirse en nazír desde un principio. El nazír pecó por causarse a sí mismo un estrés innecesario al abstenerse de vino (Taanít 11a). Al adoptar una vida de ascetismo, se retira de los placeres legítimos del mundo. La clave para una vida con sentido no es la retracción, sino la moderación. Este argumento es elocuentemente presentado por el Rambam: “El camino correcto es el camino del medio en todas y cada una de las tendencias humanas”. Por lo tanto, si se desiste de comer carne o vino, casarse, o vivir en un alojamiento decente está yendo por el “camino del mal” y “el que sigue este camino es llamado pecador, como es dicho del nazír.” (Mishnéh Toréh, Hiljót Deót 3: 1,4)

Sin embargo, a pesar de la solidez moral de este enfoque, el texto parece desmentir esta postura. La raíz ק.ד.ש (santo) aparece nada menos que tres veces en este pasaje en relación con el nazír. La esencia de este capítulo parece alabar los votos del nazír. ¿Por qué entonces debe ofrecer el korbán jatát? El Ramban ofrece la mejor respuesta: “Este hombre peca en contra de su alma cuando termina el periodo de nazír, por contenerse de este (elevado nivel de) santidad y servicio a Dios”. (Ramban en Bemidbár 6: 14)

El nazír requiere expiación para retornar a la normalidad de su vida diaria. De hecho, el Rambam enfatiza que un nazír debe idealmente permanecer en el superlativo estado de nezirút para el resto de su vida. Ser un nazír significa vivir un vida de santidad elevada y servicio a Dios.

Las restricciones del nazír naturalmente nos llevan a considerar otra figura que encarna tanto la santidad y el servicio a Dios, llamada, el cohén gadól – el sumo sacerdote. Bemidbár Rabáh (10: 11) describe una comparación entre estas dos figuras. Así como el nazír no puede beber vino, los cohaním no pueden servir en el Templo bajo los efectos del alcohol. Ni el nazír, ni el cohén gadól pueden tener impureza ritual al entrar en contacto con un cadáver, ni siquiera de un familiar cercano. Ambos tienen restricciones relacionadas con el cabello; un nazír no puede cortar el pelo y el cohén gadól no puede dejar crecer su pelo. Adicionalmente, la Toráh describe al nazír como teniendo un “nézer (corona) de su Dios sobre su cabeza” (Bemidbár 6: 7), mientras que el cohén gadól tiene “el nézer (corona) de su Dios ungiendo con aceite” (Vaikrá 21: 12).

Esto implica que mientras que solo un selecto grupo minoritario tiene la oportunidad de infundir sus vidas con santidad sirviendo como el cohén gadól, cada judio tiene la habilidad de alcanzar un nivel similar al hacer los votos de nazír.

Desde una perspectiva práctica, en deferencia a el Rambam, sería poco sabio seguir el camino extremo de la nazirút, pero la lección inherente en nuestra perasháh, sin embargo, sirve como una guía para mejorar nuestras vidas religiosas. Cada uno de nosotros tiene la oportunidad de aumentar la santidad en nuestras vidas e imbuir nuestro servicio a Dios con un mayor sentido. No es necesario ser sacerdotes, grandes eruditos, ni místicos para alcanzar este nivel. Todo lo que necesitamos es la fuerza de corazón y el deseo de ser “santos para Dios”.