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La tentación del zelotismo

by Rabbi Zachary Truboff (Posted on July 25, 2024)
Topics: Pinchas, Sefer Bamidbar, Spanish, Torah

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Traducido por Balbino Cotarelo Núñez

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Podemos decir con seguridad que el zelotismo está en aumento, casi cada día vemos titulares donde alguien se toma la justicia por su mano cuando se topa con situaciones que ve como peligrosas o injustas. Más que nada, la política parece un caldo de cultivo para el zelotismo. Los desencuentros rápidamente se exacerban en muchos casos llegando a rozar la amenaza violenta. A pesar de nuestra incomodidad con el zelotismo, no podemos reclamar que no tenga lugar en nuestro mundo. Leer la historia de Pinjás cada año nos fuerza a confrontar el hecho de que puede haber momentos en los que la acción violenta no es solo necesaria sino elogiable religiosamente. Como la Toráh presenta claramente, después de que Pinjás mata a Zimrí y a Cozbí, su acción salvan al pueblo de la ira de Dios y salva el Pacto en el mismo momento en el que parecía estar rompiéndose en pedazos.

A pesar de eso, la interpretación rabínica de la narración de Pinjás revela la profunda incomodidad con la violencia de Pinjás. Según el Talmud, hay seis milagros diferentes que ocurrieron para Pinjás cuando mató a Zimrí y a Cozbí, implicando que sus acciones fueron excepcionales y no deben ser vistas como un ejemplo para los demás. Más aún, los rabinos hacen todo lo posible para limitar los casos en los que este zelotismo podría ser permitido. El Talmud explica que solo le fue permitido a Pinjás actuar violentamente, mientras que Zimrí y Cozbí seguían haciendo su acto sexual en público. Si les atacase después de que se hubiesen separado, se le hubiese considerado un rodéf, un atacante peligroso, al que Zimrí podría matar justificadamente en legítima defensa. Finalmente, los rabinos explican que este tipo de actos de zelotismo no se pueden autorizar a priori. Un rabino tiene prohibido dar esa respuesta cuando se le pregunte si está permitido porque “es la halajá, pero no se enseña.”

Dicho esto, algunas voces rabínicas ven este último detalle no como un intento de limitar el zelotismo, sino como prueba de su autenticidad. El primer Rebe de Gerer explica que “cuando una persona responde instantáneamente, sin demora, en cuanto se vé el pecado, es un signo de zelotismo por Dios en su corazón… pero si se retrasa y pacientemente pregunta por la norma halájica, este no es un signo de zelotismo por el honor de Dios que arde en su corazón, sino que tienen otro tipo de motivación, y por lo tanto el rabino no debe instruir que haga así.” A sus ojos, el zelotismo es sólo legítimo cuando es una respuesta espontánea de un individuo recto que ve un mal y se siente obligado a actuar para pararlo. Si parase y buscase primero la aprobación rabínica, esto indicaría que su zelotismo no es puro, y puede que esté motivado por otras consideraciones. Si sabes en tu corazón que lo que presenciaste es una transgresión de orden superior, debes actuar inmediatamente.

Por un lado, ciertamente hay algo poderoso en las palabras del Rebe de Gerrer, ¿quién no se vé a sí mismo interviniendo heroicamente cuando se presencia un gran mal? Sin embargo, una de las lecciones que inevitablemente aprendemos al hacernos mayores es no dejarnos llevar por nuestra reacción inmediata y espontánea a las cosas. Las emociones desbordadas, frecuentemente nos llevan por mal camino, y una reacción desmedida a algo que vemos o experimentamos, tiende a revelar más acerca de nosotros mismos que acerca de lo que la está provocando.

La clave para entender la manera única de abordar el zelotismo de los rabinos gira en torno al hecho de que no se puede recibir una respuesta halájica para actuar como un zelota. Típicamente, el zelota se ve a sí mismo no como actuando por su propio interés personal sino por Dios. Cuando se enfrenta al mal, se convierte en un instrumento de la justicia divina, haciendo lo que sea necesario para asegurar la seguridad y la protección del pueblo judio y preservar el honor de Dios. Pero la insistencia de los rabinos en que no se pueden autorizar tales situaciones, pone palos en la rueda de la fantasía del zelota. Ya que nadie le puede dar permiso para hacer lo que busca, debe actuar sin la seguridad de que es incuestionablemente “lo que Dios quiere”.

La tradición halajica postalmúdica enfatiza este punto más todavía. El Jelkat Mejokek nota que el Shulján Arúj no cita la ley del zelota a pesar de que los códigos halájicos anteriores sí lo hacen y en En Eliyahu, un comentario posterior, se sugiere que quizás esto fue hecho para cumplir el requerimiento talmúdico de no contestar las preguntas halájicas sobre el zelotismo. Si la ley del zelota apareciese en el Shulján Arúj, el mayor código de la ley judía, sería como si se instruyese al lector a cumplirla. El En Eliyahu va incluso más allá y propone otra razón para su ausencia. Quizás la ley del zelota se dejó fuera del Shulján Arúj, explica él, porque hoy en día ha dejado de tener validez. Después de la destrucción del Templo, cuando ya no hay Sanhedrín, los casos de pena capital ya no se pueden juzgar en las cortes judías, y en tales circunstancias, la ley del zelota puede perder su legitimidad.

Si entendemos estas explicaciones con seriedad, el zelota de hoy en día no puede tener la certeza de si la violencia en el nombre de Dios es siquiera permitida en algunos casos. Quizás la ley ya no tiene aplicación práctica, e incluso si se encontrase un rabino que reclama que sí, no se puede hacer caso de su consejo, porque al transgredir la prohibición rabínica de contestar tales cuestiones, se invalida a sí mismo como autoridad legítima en este área.

El resultado de todo esto es que aquellos que actúan con zelotismo por Dios, y se ponen en el lugar de Dios, por así decir, se les niega la satisfacción de verse a sí mismos como héroes. En lugar de eso, deben estar abiertos a la posibilidad de que sus acciones son incorrectas, quizás incluso malvadas, y saber que pueden ser llevados a juicio por lo que han hecho. La verdad, por supuesto, es que casi todos los zelotas contemporáneos son animados por un profundo sentido de la certeza de ser moralmente superiores, que solo prueba una cosa: no son verdaderos zelotas, por lo menos no en el sentido judío. En lugar de santificar el nombre de Dios, acaban solo profanándolo.