
Traducido por Balbino Cotarelo Núñez
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En su querido libro para niños “El árbol generoso” (The Giving Tree), Shel Silverstein pinta el cuadro de un niño que ama a un árbol y un árbol que ama a un niño. Cuando el niño era joven jugaba con el árbol sin pedir nada a cambio salvo la compañía de un amigo bajo la sombra de sus ramas. Pero, con el paso del tiempo, el niño crece y los dos compañeros se distancian.
Pasan mucho años y el niño vuelve hasta el árbol. “Ven, niño, ven y sube por mi tronco…” suplica él. Pero el niño ya no es más un niño y ya no quiere jugar. Ahora como un hombre joven tiene responsabilidades y la necesidad de ser independiente. Y el árbol generoso solo quiere ayudar. Así, el niño, que ahora es demasiado grande para columpiarse en las ramas del árbol, viene una y otra vez y toma del árbol generoso. Primero sus manzanas, luego sus ramas y finalmente su tronco. “Y el árbol estaba feliz,” dice el estribillo; “…pero no realmente.”
Shel Silverstein como es bien sabido comentó muy poco acerca de su libro superventas, simplemente que, “es solo una relación entre dos personas; uno da y otro toma.” A partir de ahora, los niños, que durante décadas han sido criados con las palabras de esta sabia y poco convencional poeta, creen en un mundo donde no hay otra opción que ser una persona que da o una persona que recibe.
Dios, en Deuteronomio, parece hablar de un mundo muy similar.
אֶ֕פֶס כִּ֛י לֹ֥א יִֽהְיֶה־בְּךָ֖ אֶבְי֑וֹן כִּֽי־בָרֵ֤ךְ יְבָֽרֶכְךָ֙ ה’ בָּאָ֕רֶץ אֲשֶׁר֙ ה’ אֱ-לֹהֶ֔יךָ נֹֽתֵן־לְךָ֥ נַחֲלָ֖ה לְרִשְׁתָּֽהּ׃
No habrá pobres entre vosotros, porque te colmará de bendiciones el Señor tu Dios en la tierra que el Señor tu Dios te da como herencia para que la poseas.
(Perashát Reéh, Devarím 15: 4)
Como el árbol, Dios promete proveer al pueblo de Dios con todas sus necesidades. De hecho, el pueblo de Dios no pasará hambre ni llegará a la indigencia. Sino que, como el niño, todas sus necesidades estarán cubiertas.
Sin embargo, la Torá continúa:
כִּֽי־יִהְיֶה֩ בְךָ֨ אֶבְי֜וֹן מֵאַחַ֤ד אַחֶ֙יךָ֙ בְּאַחַ֣ד שְׁעָרֶ֔יךָ בְּאַ֨רְצְךָ֔ אֲשֶׁר־ ה’ אֱ-לֹהֶ֖יךָ נֹתֵ֣ן לָ֑ךְ לֹ֧א תְאַמֵּ֣ץ אֶת־לְבָבְךָ֗ וְלֹ֤א תִקְפֹּץ֙ אֶת־יָ֣דְךָ֔ מֵאָחִ֖יךָ הָאֶבְיֽוֹן׃… נָת֤וֹן תִּתֵּן֙ ל֔וֹ וְלֹא־יֵרַ֥ע לְבָבְךָ֖ בְּתִתְּךָ֣ ל֑וֹ כִּ֞י בִּגְלַ֣ל ׀ הַדָּבָ֣ר הַזֶּ֗ה יְבָרֶכְךָ֙ ה’ אֱ-לֹהֶ֔יךָ בְּכל־מַעֲשֶׂ֔ךָ וּבְכֹ֖ל מִשְׁלַ֥ח יָדֶֽךָ׃ כִּ֛י לֹא־יֶחְדַּ֥ל אֶבְי֖וֹן מִקֶּ֣רֶב הָאָ֑רֶץ עַל־כֵּ֞ן אָנֹכִ֤י מְצַוְּךָ֙ לֵאמֹ֔ר פָּ֠תֹ֠חַ תִּפְתַּ֨ח אֶת־יָדְךָ֜ לְאָחִ֧יךָ לַעֲנִיֶּ֛ךָ וּלְאֶבְיֹנְךָ֖ בְּאַרְצֶֽךָ׃
Cuando hubiese un pobre entre vosotros, de uno de tus hermanos, dentro de tus portones, en tu tierra que el Señor tu Dios te da, no endurezcas tu corazón y cierres tu mano contra tu hermano el pobre… Dar le darás a él y tu corazón no será mezquino cuando le des a él, porque en virtud de esto te bendecirá el Señor tu Dios en todo lo que hagas y en todo lo que tu mano alcance. Porque no cesará el pobre en medio de la tierra. Por lo tanto Yo te ordeno diciendo: “Abrir abrirás tu mano a tu hermano al pobre y al indigente en tu tierra”.
(Devarím 15: 7, 10 -11)
Aunque en principio, Dios garantiza la abundancia para todos, sólo unos pocos versículos después Dios clarifica que de hecho habrá necesitados. Esta obvia contradicción subraya la sociedad que quiere crear la Torá. Mientras que Dios será el que da y el pueblo los que reciben, no a todo el mundo se le repartirá lo mismo – algunos prosperarán, otros desafortunadamente sufrirán. Es justo que en este punto crítico, al que recibe se le ordena la responsabilidad de convertirse en el que da.
A diferencia de “El árbol generoso”, el mundo es mucho más complejo que solo gente que da y gente que recibe. El árbol, a pesar de ser tan bueno, no conoce el verdadero significado de dar. Dar no significa sacrificarse por otros; dar significa repartir la bondad, el bien, con otros.
Dios no bendice al pueblo simplemente con el sustento, Dios bendice al pueblo con la responsabilidad. Es muy fácil recibir, que se te dé riqueza y hacer con ella lo que se quiera. Mucho más difícil es aprender a dar – cómo compartir las bendiciones con otros de una manera sana y amorosa.
Comentando un versículo previo de la perashá de esta semana, el amorá Rabí Jama, hijo de Rabí Janiná, pregunta: ¿Qué enseña la Torá cuando dice: “אַחֲרֵ֨י ה’ אֱ-לֹהֵיכֶ֛ם תֵּלֵ֖כוּ” “Deberás caminar en los caminos del Señor tu Dios” (Devarím 13: 5)? El significado, enseña él, es que uno debe imitar los atributos de Dios (Talmud Bavlí Sotá 14a).
Así como Dios nos da, debemos dar a otros. Reconocer estas bendiciones y aprender cómo compartirlas con el resto del mundo, es nuestra responsabilidad divina. Porque no nos encontramos lo divino sólo en el acto de aceptar las bendiciones de Dios, nos encontramos con Dios al compartir estas bendiciones con los demás.
Ojalá aprendamos a ver y aceptar las bendiciones de Dios a nuestro alrededor y tengamos el mérito de caminar en los caminos de Dios al dar y compartir.
Y así podamos ser felices.





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