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No escuchar directamente las palabras de Dios: su coste y severas consecuencias

by Rabbi Ysoscher Katz (Posted on September 19, 2024)
Topics: Ki Tavo, Sefer Devarim, Spanish, Torah

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Traducido por Balbino Cotarelo Núñez

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Conmoción, horror, y una profunda tristeza: esa es probablemente la reacción primaria que la mayoría de nosotros tendrá cuando estudie la porción de la Torá de esta semana o cuando la escuche en la sinagoga.

Muchas cosas acontecen en la lectura de la Torá de esta semana, pero una gran parte de ella es lo que tradicionalmente se refiere como la tojajá, la narración de Moshé de los severos castigos que Dios promete infligir en la nacion judia si no se adhieren adecuadamente a las leyes y mandamientos de Dios.

Esto es duro e implacable.

La sección de la tojajá tiene 51(¡!) versículos. Y en ellos se nos amenaza con cada forma de fallecimiento, tragedia y calamidad; cosas terribles que nos pasarán a nosotros, a nuestras posesiones y a nuestras familias. Impresionantemente, estos versículos se leen como las palabras de alguien que está lleno de rabia, escupiendo vuelta tras vuelta en una espiral de maldiciones. Se desarrollan como sigue: Primero se nos dice que algo terrible nos pasará. Unos versículos más tarde, se nos dice, “no importa” – lo que se acaba de mencionar es demasiado sosegado, y de hecho va a ser mucho peor que eso. Y luego, incluso mucho peor que ESO. – Y más y más así durante varias veces.

Esta, sin embargo, no es la única vez que un conjunto de versículos tan duros como estos aparecen en la Torá. Pasa una vez antes de la perashát Bejukotái, la última perashá del Séfer Vaikrá. Allí, también, se nos dicen las brutales consecuencias de negarse a someterse subordinadamente al deseo de Dios.

Es importante resaltar sin embargo que mientras que, hablando en general, las dos tojajót – en Bejukotái y en la perashá de esta semana – son similares, no son comparables exactamente. Su esencia es la misma, pero las particularidades difieren significativamente de las tres formas siguientes:

  1. La tojajá en Bejukotái es mucho más corta que la de la perashá de esta semana. (Marcadamente así. La tojajá de Bejukotái tiene solo 24 versículos, mientras que la de nuestra perashá continúa hasta más del doble.)
  2. Una lectura detallada nos muestra que la de Bejukotái es mucho más leve que la nuestra. Los castigos mencionados esta semana tienen un elemento de rabia y venganza que no se percibe en la versión previa.
  3. Finalmente, y más importante, la tojajá en Bejukotái finaliza con una inspiradora coda, mientras que esta semana no hay nada de eso. 

Casi de manera contradictoria, en Bejukotái, al final de la letanía de castigos, Dios concluye con las siguientes palabras de consuelo: “Entonces recordaré Mi pacto con Jacob; recordaré también Mi pacto con Isaac, y también Mi pacto con Abraham; y recordaré la tierra… Pero, aún en ese momento, cuando estén en la tierra de sus enemigos, no los rechazaré o desdeñaré para destruírlos, anulando Mi pacto con ellos: porque Yo el Señor soy su Dios.”

La versión de esta semana carece de conclusión reconfortante. Termina abruptamente: cincuenta versículos de pavorosas amenazas y… eso es todo. Cuando termina, la Torá continúa con otras materias. Sin más.

Todas juntas, estas diferencias combinan para ilustrar como la tojajá deuteronómica de esta semana es una articulación mucho más dura de aquellas mismas advertencias en Vaikrá.

Estas diferencias no son solo por casualidad. Están ahí por una razón y transmiten una poderosa y compleja lección, informándonos de una distinción extremadamente importante entre nuestro libro presente, Séfer Devarím, y los otros cuatro libros de la Biblia.

Mientras que creemos que todos los cinco libros son devár HaShém, la palabra de Dios, hay una diferencia entre Devarím y los otros cuatro libros.

Los cuatro primeros libros son libros de Dios hablando por la propia voz de Dios: Dios habló y Moisés registró las palabras que Dios dictó. Sin embargo, en Devarím Dios habla con la voz de Moisés. Todavía es Dios hablando, pero aquí Dios dicta palabra por palabra a Moisés exactamente como describir su propia experiencia de los cuarenta años precedentes: cómo Moisés experimentó los eventos, y cómo él percibió aquello que Dios habló.

En Bejukotái por lo tanto encontramos la tojajá de la forma en que realmente fue dicha, mientras que en la porción de la Torá de esta semana estamos leyendo acerca de la forma en que la oyó Moisés.

Y eso explica las diferencias mencionadas más arriba.

Como sabemos, muchas veces, cuando dos personas tienen una conversación, existe el potencial para que haya una brecha significativa entre lo que intenta decir el hablante y lo que percibe el que escucha.

Quizás eso es lo que estamos viendo aquí. Hay una discrepancia entre lo que Dios realmente dijo y la forma en que fue recibido por Moisés. Lo que Moisés escuchó fue mucho más duro que lo que Dios realmente dijo.

Hay, sin embargo, algo único aquí.

Normalmente cuando eso pasa, el hablante intenta corregir los malentendidos del oyente. En nuestro caso, el Hablante los acepta y más aún ofrece su imprimátur a la percepción de Moisés de lo que fue dicho. En Devarím, Dios dicta la tojajá en palabras que son de Moisés, conociendo que lo que Moisés oyó fue mucho más duro, que lo que Dios originalmente había dicho.

Esto sugiere una explicación bastante fascinante.

Por supuesto dependemos de los profetas e intermediarios para transmitirnos los mensajes de Dios, pero las versiones duales de la tojajá preservadas en la Torá nos hacen ser conscientes de que algo pasa con las expresiones de Dios cuando son filtradas a través de la percepción personal de un ser humano. Posiblemente pueden acabar dando una impresión imprecisa, con detalles exagerados o desinflados.

Por consiguiente, siempre que sea posible, debemos esforzarnos al máximo de nuestras posibilidades, para encontrarnos con la palabra divina directamente, sin adulteraciones de intermediarios, mensajeros o quizás traductores (¡!). Escuchar por medio de un intermediario, inevitablemente puede nublar el mensaje, de una u otra forma.