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The Torah Learning Library of Yeshivat Chovevei Torah

Ser un estudiante de por vida

by Rabbi Dov Linzer (Posted on September 4, 2024)
Topics: Sefer Devarim, Shoftim, Spanish, Torah

Traducido por Balbino Cotarelo Núñez

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“Trata de ser un estudiante de por vida.”

Eso es lo que Abigail me dijo cuando alcanzamos la sección de Deuteronomio que manda que el rey tenga a su lado un Séfer Torá en todo momento. Está ahí mismo en el versículo: “y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida” (Deut. 17: 19).

Pero aquí hay algo curioso. A pesar de que he sido un estudiante toda mi vida — me he inmerso en el estudio de la Torá desde que era un adolescente, pasando horas cada día con mi naríz enterrada en uno de los cinco libros de Moisés o el Talmud, a veces hasta el punto de estar tan metido en el estudio con las idas y venidas de las discusiones del Talmud que podría chocar con postes de teléfono — nunca contemplé ese versículo de esa manera.

Para mi, el mensaje ha sido siempre acerca de lo que viene al final del versículo: “…para que aprenda a temer al Señor tu Dios, para guardar todas las palabras de esta Torá.” El tema es que el rey tenía que ser constantemente recordado de que hay una autoridad y un poder mayor que el suyo, que incluso un monarca está por debajo de Dios y obligado por la Torá de Dios. Y todo esto es todavía verdad acerca de lo que enseña este texto. Pero, ¿cómo no vi ese mensaje clave acerca de ser un “estudiante de por vida”, que Abby subrayó correctamente?

No lo ví porque pasé por alto lo que significa ser un estudiante de verdad. No son solo las horas metido en un libro. Es relacionarse con otras personas e ideas, que pueden ser radicalmente diferentes de las tuyas. Es preguntarse a uno mismo: ¿qué puedo aprender de esta perspectiva diferente? Es cultivar una verdadera curiosidad y salirse de tu propia caja de resonancia.

En el mundo de las yeshivót, el aprendizaje de la Torá no es una meta individual; siempre se estudia bejaverutá, en parejas. Dos personas, a menudo sentadas en lados opuestos de una mesa con el mismo texto delante, trabajando en equipo para desentrañar las profundidades y argumentar a favor y en contra, incluso gritando a veces, a la búsqueda de llegar al verdadero significado de una enseñanza particular de la Torá.

Juntarse a diario es una imagen hermosa y una experiencia exhilarante. Y aún así. Los diferentes puntos de vista – que cada pareja trae consigo a la conversación – son a menudo extremadamente leves. La javerutá alcanza un entendimiento más profundo, pero dentro de los delimitados parámetros de los compromisos teológicos y religiosos ya compartidos.

Abby me enseñó — a lo largo de todos los años en que los dos hemos estudiado, reido, compartido y desafiado al otro — que ser un estudiante comprometido requiere no solo profundizar en lo mismo, sino también expandir más allá. De otro modo, tu campo de visión sería tan estrecho, que chocarías con los postes de teléfono.

Dicho eso, aprender Torá siempre ha sido más que una exploración intelectual. Está inexorablemente entrelazado con el corazón de mis creencias religiosas y cómo vivo mi vida. Como dice sobre el rey, en el versículo citado previamente, aprendo Torá “para temer a Dios”, porque creo que estudiar es una mitzváh y me guía hacia una relación constante con Dios.

Aprender Torá me eleva por encima de la urgencia del momento, la ocupación con lo mundano. A fin de cuentas la Torá, las historias y leyes de la Torá, tratan de lo que es ser humano y ser creado a imagen de Dios, con la obligación de elegir el bien, de escoger la vida. Sacar tiempo para estudiar la perashá, bien solo, o — aún mejor — con un javerutá y compañero de discusiones, me da el espacio vital para reflexionar sobre mí mismo, mi mundo y la gente que me rodea.

La Torá te engulle en sus enmarañadas historias acerca de seres humanos imperfectos, haciendo lo que Dios quiere que hagan (o no), comportándose con sus esposos o desconocidos de formas impresionantes u horrendas o un poco de cada. Y en medio de todo eso la encuentro arrastrándome a las mismas preguntas una y otra vez: ¿Cómo actuaría yo en estas situaciones? ¿Cómo serían situaciones similares en mi familia, amistades y en el trabajo? ¿Cuáles son mis valores y prioridades, y, son los correctos? ¿Qué es lo que quiere Dios, y qué es lo que Dios quiere de mí?

[…]

He sido instruido para leer la Torá a través de la lentes de los Rabinos. Esto implica que mucho ya ha sido “pre-resuelto” para mi, bien narraciones moralmente problemáticas o bien mitzvót que pueden parecer anticuadas y extrañas. Hasta cierto punto, cuanto más importante es el texto, más han sido domesticados sus pasajes difíciles.

Gracias a Dios, entonces, por Abby. Ella me ha sacado de mi familiaridad con una manera de interpretar y aprender la Torá. Abby es una de las personas más perspicaces, profundas, instruidas, e inteligentes – por no hablar de atenta, solícita y graciosa – con las que he tenido el privilegio de estudiar la Torá. Ella ha dedicado su vida a pensar, hablar, preguntar, estimular y escribir acerca del significado de ser judío. Y no permite que nadie – ni siquiera las superestrellas que entrevista a menudo, ni tampoco sus compañeros de estudio de la Torá – se salgan con la suya con autocomplacencia o indecisión. Abby ha velado por mi honestidad y me ha ayudado a convertirme en un verdadero estudiante de por vida.

Nuestros Rabinos nos enseñan que cuando dos personas se sientan juntos para estudiar la Torá, la Shejiná, la Presencia Divina, se haya entre ellos. Cuando dos personas se retan una a la otra a entender mejor la Torá, ambos se conectan con algo mayor que cada uno de ellos. Pueden incluso alcanzar un grado de trascendencia. Esa ha sido mi experiencia, y puede ser la tuya también. Te garantizo que empezarás a ver la Torá por todas partes.

Extraído de la introducción del libro It Takes Two to Torah, de Abigail Pogrebin y el Rabino Dov Linzer. Publicado aquí con el permiso del editor, Fig Tree Books LLC. ¡Saldrá a la luz la semana que viene el 10 de septiembre de 2024!